La representación electoral en Argentina enfrenta desafíos de desproporcionalidad que afectan la democracia.

Los sistemas electorales pueden distorsionar la representación a través del gerrymandering y el malapportionment. A diferencia de EE. UU., donde el gerrymandering es un tema candente, Argentina tiene distritos fijos, pero sufre de un malapportionment que afecta la equidad del voto.
La Constitución establece que la cantidad de diputados debe reflejar la población, pero una ley de la dictadura fija un mínimo de cinco diputados por distrito, lo que genera desigualdades. Por ejemplo, un votante de Tierra del Fuego tiene un peso representativo mucho mayor que uno de Buenos Aires.
Este problema no es nuevo y ha sido objeto de estudio por años. Sin embargo, tanto el Congreso como los partidos políticos parecen reacios a abordar la corrección de esta anomalía, lo que dificulta la representación justa en el sistema electoral argentino.


